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Natalia Oreiro enfrenta una nueva etapa en su vida
EN SU MEJOR MOMENTO PROFESIONAL, A PUNTO DE PRESENTARSE EN VIVO EN COMO CANTANTE Y LUEGO DE SU SEPARACION
Hace un año comenzó a prepararse. Eligió los 26 temas que pensaba cantar, participó en el diseño de la escenografía y del vestuario, y ensayó, ensayó, ensayó, para que su primera presentación en vivo en Buenos Aires fuera un espectáculo inolvidable. Sin embargo, hace menos de un mes se separó de Pablo Echarri (30), su pareja durante seis años, y aunque ella solo quiere hablar de sus próximos shows en el teatro Gran Rex, hoy todos quieren saber cómo está después de su separación.
Natalia Oreiro (23) se empeña en responder con evasivas. Sin embargo, las emociones son una parte muy importante de su vida y sus pocas palabras, sus
sonrisas y sus silencios son suficientes para encontrar el
camino que conduce a sus sentimientos.
-¿Siente celos cuando lee en las revistas que Pablo Echarri podría estar con otra mujer?
-Me molesta que se metan en mi vida privada
-Pero en este caso no se trata de su vida privada. Es la de Pablo.
-Sí, pero aunque no estemos juntos, estamos ligados.
-Además de molestarle, ¿siente celos?
-No. Me molesta que se metan en mi vida privada.
Mientras tanto ella continúa con sus preparativos. Hace
gárgaras de amamelis -"un líquido homeopático que
usaba Carlos Gardel"-, toma té de jengibre, duerme
más de ocho horas por día, entrena su voz con su técnica
de bell canto -"una técnica italiana que se usaba en los
siglos XVI y XVII, la técnica que utilizó Farinelli"- , se
reúne para tocar con sus músicos, asiste a las pruebas
de vestuario -que en esta ocasión se lo encargó a
Renata Shusheim- e intenta hablar más pausado para
cuidar su voz. Intenta, pero solo logra disminuir el ritmo
de sus palabras cuando llega el turno de hablar de su
corazón. Entonces se toma su tiempo.
-A los 23 años tiene popularidad, éxito y más dinero que la mayor parte de las chicas de su edad. ¿Siente culpa por tener tanto?
-No. Lo que siento es una bronca terrible con el país en general. Porque la Argentina tiene todo para ser de primera línea y no está bien. La culpa es algo que trabajo en terapia. No es bueno ser culposo. Lo que sirve es tomar conciencia de lo que le está pasando a los demás
para hacer algo por la gente que lo necesita. Yo hago muchas cosas, pero nunca quiero hacerlas públicas porque me parecería demagógico, perderían encanto.
-¿Hacer caridad no es una manera de aliviar la culpa?
-No. Yo hago cosas desde antes de ser conocida, desde
antes de tener dinero. Cuando era muy pequeña y
estudiaba catequesis ya formaba parte de grupos que
ayudaban y que hacían cosas. Es un tema de energía:
hay que dar para recibir, dar desde el alma. Y no tiene
que ver únicamente con lo económico. Cuando puedo,
ayudo. Pero no siempre doy plata.
-¿Qué da?
-Doy tiempo, doy alegría. Hay muchos chicos que
sienten que les cambia el día solo con verme un ratito. Y
no tienen una vida bella. Eso no tiene que ver con la
plata. Y muchas veces ni siquiera saben que soy Natalia
Oreiro porque hay lugares en la Argentina en donde la
gente no me conoce. Pero no lo hago por culpa. La gente
está en esta vida para hacer algo, y yo no creo que esté
en esta vida solo para ser exitosa en mi carrera.
-¿En su vida cotidiana también es así? ¿Es generosa con sus afectos más cercanos?
-Lo más importante es dar cariño, y yo me considero
una buena amiga. Tengo muy pocas amigas, muy pocas.
No es fácil tener amigos en el 2000 y mucho más dificil
es tenerlos en este ambiente. Porque hay una
competencia muy grande, hay celos muy grandes, una
envidia muy grande.Y la envidia me parece ridícula.
Porque yo puedo envidiarle las piernas a Dolores
Barreiro, pero es una envidia sana. Hay mucha gente que
envidia tu lugar y en vez de mirar cómo te rompiste el
alma para llegar, tratan de agarrarte de un pie para
tirarte abajo y quitarte ese lugar.
-¿Y usted no tiene miedo de que le quiten su lugar?
-No. No tengo miedo de alejarme de la tele y que
aparezcan otras actrices que me reemplacen. Primero,
porque ya las hay. Y después, quiero que aparezcan un
montón de artistas jóvenes, porque eso genera trabajo
para todos. Yo quiero que a la gente le vaya bien, quiero
que haya más telenovelas con éxito. Y por eso no voy a
sentir que perdí el lugar. ¿Qué lugar? Si yo sé el lugar
que tengo. Además, tal vez mañana haga una telenovela
que no funcione. Pero eso no va a ser porque alguien me
haya quitado mi lugar. Es un conjunto de cosas las que
se necesitan para que algo tenga éxito.
-Y usted sabe sacar partido del éxitos: se dice que ahora
va a sacar un merchandising con la imagen que inauguró
en su nuevo disco, Tu veneno.
-En el Rex va a haber unas remeras que son a total,
total beneficio de una entidad. Muñecas, me propusieron
hacer millones de veces pero nunca quise. Porque
siempre dije que yo gano dinero con mi trabajo, no con
mi imagen. Pero las remeras otros las hacen igual, y las
venden. Entonces prefiero hacerlas de buena calidad y
que ese dinero sirva para alguien que lo necesita. Si el
día de mañana la venta del poco merchandising funciona
y deja buen dinero para esta gente, sería capaz de hacer
lunares, flequillo y muñequitas. Pero no para
enriquecerme. Muchos me dicen: 'Vos estás loca. ¿Sabés
lo que se gana con eso?' Pero yo estoy contenta con lo
que gano. No quiero hacerme millonaria. Cuando canto,
cobro por las entradas que se venden; si actúo, cobro
como actriz. Pero no me quedaría con la plata de alguien
que quiera ir con una remera con mi imagen.
-¿El dinero no es la medida de su éxito?
-El dinero es dinero. Lo que pasa es que la palabra éxito
es tan peligrosa… Pareciera ser que el éxito sucede de tu
casa para afuera. Y yo me considero una persona exitosa
en mi profesión y en mi vida privada también. Porque
trabajo día a día para ser mejor persona y porque me
involucro con las cosas que pasan y con las que me
pasan. Creo que es tan o más importante ser exitoso en
tu vida privada que en lo profesional. Y no siempre eso
significa casarse y tener hijos. El éxito radica en ser feliz
con lo que uno es individualmente. Me gusta ser personal.
¿Son todas flacas? Yo prefiero ser rellenita. ¿Son todas rubias?
Prefiero ser morocha. Después, uno puede tener más o menos rating, puede vender más o menos entradas.
-Entonces, para saber si le fue bien en sus recitales, ¿no va a preguntar cuántas entradas vendió?
-No. Porque si hubiera sido así habría hecho mis
recitales en enero, justo cuando terminé Muñeca Brava.
Porque yo sabía que como Muñeca finalizó con 25 puntos
de rating toda la gente que estaba entusiasmada con la
novela iba a ir a verme al teatro. Es así. Y yo no quise
hacer eso. Porque mi objetivo no es vender más
entradas. Aún así, creo que ni el más intelectual de los
intelectuales saca un libro para que no lo lea nadie. Ojalá
pueda hacer más de dos Gran Rex. Pero si a mí me
hubiera importado la plata, habría hecho otra telenovela
y habría hecho los shows al mismo tiempo, o me habría
quedado por Europa, porque ahí tengo un éxito
tremendo. Para mí es muy importante estar contenta
conmigo como artista. Pero yo no trabajo para que no me
vea nadie. Soy una artista popular y me gusta que sea
así. Pero quiero ser popular y buena.
-¿Y qué va a tener en cuenta?
-La capacidad de mi voz, de bancarme un recital. Quiero
estar feliz con lo que hago. Si estos shows los hubiera
dado antes, tal vez hubiera hecho 45 Luna Park. Pero no
me hubiera sentido contenta. Porque aunque la gente
me hubiera aplaudido yo iba a ser consciente de que no
estaba dando todo lo que podía dar. Necesitaba crecer.
-¿Sabe cuánto dinero ganó?
-No. Nunca le di bolilla. Creo que el dinero está para
gastarlo. Si uno lo deja en el banco se apolilla. Tengo un
contador y un representante que se ocupan de eso.
-¿En qué gasta su dinero? ¿En qué invierte sus ahorros?
-No creas que tengo ahorros. Gasté más de lo que gané
-dice mientras se ríe con picardía-. Bueno, no sé si
más… pero me gasté casi todo. Es que tampoco soy
Tinelli: no estoy desde hace diez años con un éxito en
televisión. Mi carrera es relativamente corta. Me gusta
comprarme propiedades. Tengo la casa que soñé y pude
hacerle todos los cambios que quise. Me gusta invertir en
mi mundo. Además, me hice mi propia sala de ensayos
que me salió mis buenos pesos, poque tuve que hacerla
bien para que los vecinos no escucharan ruidos. Y si a mí
no me hubiera importado la música hubiera aceptado la
sala que me ofecía la compañía discográfica. Yo me la
creo que soy cantante. Tengo carta astral de cantante.
¿En qué más gasto el dinero? Cuando viajo me gusta
traer muchos regalos y me gusta que la gente que quiero
me acompañe en los viajes. A veces me agarra la locura
y les digo a mis amigas: "Vamos a tal lado", y nos
vamos. Tampoco soy una derrochona compulsiva. Por
ejemplo, tengo tanta ropa que ya me da asco comprar
más. Y no voy a Versace y me gasto 10.000 dólares. Eso
me parece una locura. A mí un buen vestidito prefiero
hacérmelo yo.
-¿No le queda grande su casa ahora que vive sola?
-Siempre estuve sola. Además no es tan grande. Parece
enorme pero…
La casa en la que vive Natalia Oreiro es un antiguo casco
de estancia, construido en 1887. Entre otras cosas, sus
baños están realizados en mármol de Carrara y bronce y
tiene un gran jardín con árboles añejos. Costó 650.000
dólares. En esa casa la actriz tiene habitaciones
especialmente decoradas según el gusto de los invitados
que a ella le gusta que se queden a dormir. De repente,
Natalia observa su casa con ojos de niña y se corrige:
"Bueno, la verdad es que yo soy una chica de familia
clase media para abajo y si yo recuerdo lo que era mi
vida antes sí, la veo increíble -dice con pudor-. Será
que me acostumbré. Uno se acostumbra a lo bueno".
-¿Qué es lo que más le gusta de estar soltera?
-Nada. No me parece bueno estar soltera.
-¿No siente que recuperó cierta libertad?
-Es que siempre fui una persona libre.
-Pero la vida en pareja supone ciertas concesiones que a veces pueden confundirse con limitaciones a la libertad individual.
-Sí, claro. La pareja supone concesiones. Pero uno no
está pensando todo el tiempo que hace concesiones.
Elige estar en pareja porque está bueno. Yo no me
quedé sola para hacer cosas que antes no hacía. Estar
sola no es algo que disfrute. Tengo 23 años y tengo que
aprender a estar sola. Pero siempre me sentí muy libre.
-Ni siquiera disfruta de la posibilidad de dormir en sentido diagonal en la cama, de…
-No, no -interrumpe en tono se súplica-. No me
preguntes esas cosas. Me pongo nostálgica y no quiero.
Además, no me gusta leerme en las revistas hablando
de eso.
-¿Desde que está sola los hombres se le acercan más?
¿Recibió muchas ofertas?
-No, la verdad que no. Pero mirá que lo chicos no dejan
de tirarte onda porque estés en pareja, ¿eh? No hay
muchos que se animen, pero los que se animan lo han
hecho siempre. Lo cierto es que no tuve muchas
oportunidades. Por un lado, porque hace poco que me
separé; por otro, porque la prensa me está tan encima
que se hace todo mucho más difícil.
-¿Tuvo tiempo de hacer un balance de su última relación? ¿Qué cosas prometió no volver a hacer en sus próximas parejas?
-Dicen que el ser humano vuelve a tropezar con la
misma piedra y eso no está bueno. Pero en el amor no
hay que estar analizando cada cosa que uno hace. Eso
no sirve. Yo soy muy espontánea. No soy espontánea
cuando peleo un contrato, pero en mi vida me manejo
con la espontaneidad. Yo no tuve errores en mi pareja.
Estoy orgullosa de haber hecho todo lo que hice y de
haber dado todo lo que di. Lo volvería a hacer. Las
relaciones son todas diferentes. Calculo que si mañana
vuelvo a estar enamorada voy a actuar de acuerdo con lo
que sienta por esa persona.
-Pero usted dijo en una revista que después de tanto
tiempo de relación Echarri y usted ya eran como
hermanos.
-No es cierto que lo haya dicho. Jamás dije eso. La
verdad es que no me interesa hablar de las razones por
las que me separé. A ningún medio le dije eso. Si hoy
hago notas es para hablar de mi carrera profesional, de
mis shows. Y más ahora, que recién me separé. Solo
quiero hablar de mis shows.
-Hablando de sus shows, ¿lo invitó a Pablo Echarri a presenciar sus recitales?
Entonces rompe en una carcajada y concede una respuesta para una pregunta que no quiere contestar:
"El no necesita invitación. Siempre va a estar invitado a todas las cosas que yo haga".
-¿Usted cree que irá?
-Sí, supongo que sí..
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